miércoles 18 de noviembre de 2009

¿Qué voy a hacer contigo?

En cuanto mis ojos se percataron de tu presencia, puedo jurar que conocí el amor a primera vista. Aquel día, no tenía la intención de buscarte, pero en el momento menos esperado, tropecé contigo y debo confesarte que tu atractivo me sedujo a tal grado que, a partir de ese momento, no pude dejar de pensar en ti.

Cualquier coincidencia me aseguraba que estábamos hechos el uno para el otro, pues tal y como eras, habías aparecido en mis sueños. Es más, durante un par de noches ni siquiera pude dormir, sólo pensaba en lo bien que la pasaríamos juntos y si no me apresuraba a tomar una decisión, corría el riesgo de perderte y dejarte en manos de alguien más. Sin embargo, usé todas mis artimañas para convencer a quienes me proporcionaría las facilidades para tenerte y al final, todas las puertas del destino se abrieron para que fueras mío.

Recuerdo ese día como si hubiese sido ayer, te veías flamante y la gente no tardó en darse cuenta que en efecto, hacíamos la pareja perfecta. Desde ese momento prometí quererte y cuidarte, como si fueras una parte mía.

Para ambos, era un terreno completamente desconocido; aún así, decidimos enfrentar juntos el reto. No niego en que había estado acostumbrada a tratar con rudos y debido a tu carácter tan dócil, me costó trabajo comprenderte; pero bien dicen que “la práctica hace al maestro” y tardamos poco tiempo en acoplarnos para ser el dúo dinámico.

Con el tiempo, gracias a la seguridad que sentía a tu lado, pude enfrentar mis peores miedos superando cada uno de los retos colocados a mi paso en esta ciudad frenética y desquiciante. Juntos realizamos un sinfín de viajes, escuchamos nuestra música favorita, cantamos mientras pasábamos horas en el tráfico, me consolabas cuando estaba triste y tu envoltura protectora me hacía sentir con el poder de devorarme el mundo entero en un solo bocado.

El agradecimiento siempre había sido recíproco, pues cuando apenas empezabas a presentar algún síntoma de enfermedad, te llevaba con los mejores especialistas para curarte de inmediato. Es más, la vez que te arrancaron la naricita de un jalón, me sentí pésimo y mi autoestima cayó por los suelos. Permaneciste en el hospital y durante tres largas semanas –las cuales me parecieron siglos– te extrañé, pues nunca antes nos habíamos separado tanto tiempo. Y… cuando mi trabajo se alejó de casa 36 kilómetros, evité esforzarte, por lo que prefería dejarte la mayor parte de la semana descansando, e incluso, durante un tiempo, hasta cambié de residencia para hacerte trabajar menos.

Pero todos mis esfuerzos en tu mantenimiento y cuidado han fracasado. He gastado mucho más en ti que en mí, resultaste más delicado que la seda y sinceramente no soy millonaria para estar derrochando el dinero cuando decides dejar de funcionar. Imposible negar que seas hermoso, cómodo, amplio, rendidor y envidiable; pero créeme, con tantos problemas, estoy considerando la posibilidad de que nuestros destinos sean por diferentes rumbos.

Carezco todo conocimiento en automóviles, lo cual me ha causado una impotencia demasiado frustrante y ha llegado a rebasar mis límites de tolerancia. Lo único que sé, es que había visto gente sufrir cuando sus coches los dejaban a la mitad del camino, se veían obligados a empujarlos a la orilla y esperar horas por una grúa. Aún no me has hecho pasar por tal suerte, pero mi espíritu ambicioso se ha rendido en prolongar nuestra relación. Mañana será tu última oportunidad, todo depende del diagnóstico del súper mecánico con quien te llevaré, porque el Mau ya de plano te odia y no quiere saber más de ti, dice que has sido su peor paciente, después de la lata ¡Imagínate el insulto!

En fin, ya mañana cuando tenga un veredicto certero, sabré qué chingaos hacer contigo pochecito.

martes 17 de noviembre de 2009

Aún tengo esperanza

Había escuchado decir que un actor sólo puede demostrar su auténtica capacidad histriónica a través del teatro, debido a la relación tan estrecha que existe entre el escenario y el público. Tal afirmación la había comprobado en diversas ocasiones, pero no fue hasta que vi la puesta en escena de El diario de Ana Frank, cuando dicha compenetración resultó tan mística y fue capaz de estremecer todas las fibras de mi cuerpo para hacer emerger un sinfín de emociones.

Esta obra ofrece una adaptación muy apegada al testimonio de Ana Frank, una adolescente quien –como muchos sabemos– permaneció por más de dos años encerrada en un escondite secreto junto con su familia y amigos durante la Segunda Guerra Mundial, con el temor de ser capturados y llevados a los campos de concentración nazis para ser exterminados u obligados a trabajos forzados, como le sucedió a millones de judíos.

El testimonio de Ana, plasmado con su puño y letra, tiene desde hace tiempo un significado muy importante para mí y no precisamente por tratarse de un legado histórico que sobrepasa cualquier barrera de ciencia-ficción; sino porque lejos de adentrarnos en un contexto demasiado agrio –donde hubo escasez, aislamiento, hambre, temor e incertidumbre– siempre persistió un halo de luz y esperanza en una personita, quien a pesar de su corta edad, tuvo la madurez necesaria para no darse por vencida, aún en los momentos más difíciles.


Quizá el peor castigo en vida sea privar a alguien de su libertad. Sobre todo a la edad de 13 años cuando eres inocente de toda culpa y los únicos anhelos que tienes son estudiar, enamorarte y apoderarte de cualquier experiencia que el mundo te obsequie; pero en lugar de eso, te ves obligada a sufrir un largo proceso de adaptación y convivencia con 7 personas en un espacio reducido, privada de cualquier conexión con el exterior, a no ser por las transmisiones de radio y los libros. Sin embargo, Ana, a pesar de la terrible suerte que le acechaba de ser capturada en cualquier momento, nos mostró lo mejor de si misma a través de sus sentimientos y arrebatos más puros, brindándonos una lección invaluable: el amor es algo que nadie podrá quitarnos, ni siquiera los mismísimos engendros del demonio.

A lo largo de sus días en el anexo, Ana siempre se mostró quejumbrosa por ser catalogada por el resto de la “tripulación” como una niña caprichosa, parlanchina, insolente e inmadura. Sin embargo, en las tres distintas etapas de mi vida que he recorrido las páginas de este diario, tal acepción me parece completamente absurda. Para mí, Ana Frank representa una persona quien a través de la constante reflexión del encierro, supo identificar a la perfección sus fortalezas y debilidades, lo cual le permitió guiarse por su instinto espiritual para enfrentarse a cualquier tormenta y, a pesar de estar en medio de la guerra, siempre se aferró a sus esperanzas porque continuaba “creyendo en la bondad innata del ser humano”. Durante el cautiverio, Ana también encontró su vocación: quería ser periodista y más tarde, escritora célebre –a lo que calificó como un “delirio de grandeza”–. De hecho, en algún momento llegó a pensar en que después de la guerra, publicaría una novela sobre sus días en el anexo y usaría su diario para documentarse.

Pero, sus sueños se vieron interrumpidos el 4 de agosto de 1944, cuando la Gestapo irrumpió en el refugio de los ocho judíos quienes, junto con dos de los cómplices que les había ayudado a ocultarse, fueron llevados prisioneros, trasladados a distintos campos de concentración y obligados a soportar las más terribles torturas. Al final de la guerra, el único sobreviviente de los habitantes del anexo fue Otto Frank, el papá de Ana. Ella, junto con su hermana Margot contrajeron tifus y ambas perecieron días antes de que el campo en donde se encontraban, fuera liberado. Otto, a su regreso, se encontró con los escritos y ante la voluntad de Ana, de “seguir viviendo hasta después de la muerte”, él decide publicarlos en 1947.

En el transcurso de seis décadas y desde su primera publicación, la autenticidad de este famoso diario ha sido sujeta a innumerables controversias, porque parece imposible que una “niñita”, en pleno apogeo de la pubertad, pudiera tener un criterio tan amplio para discernir y emitir su opinión con datos muy precisos sobre el entorno bélico con tendencias políticas e ideológicas; incluso, porque su redacción y estilo no son aptos para alguien de su edad. No obstante, si nos ponemos a pensar que dicha niña pudo haber leído más libros que cualquier adolescente y adulto en el presente y que, alimentada por el sueño de ser periodista, se esforzó por construir una historia, puede sonar más creíble para dejar a un lado el escepticismo de muchos investigadores, quienes tras sus “descubrimientos” o teorías han pretendido desvirtuar uno de los tantos testimonios de aquellas personas que fueron víctimas de una de las más terribles atrocidades.

También hay que saber leer entre líneas. Yo no dudo en que exista “mano negra” en el sentido de que muy probablemente Otto Frank haya recibido consejos por los editores para que el diario de su hija sirviera como una excelente arma para demandar la forma tan aberrante de cómo fueron tratados los judíos por el ejército nazi y parar dar a conocer el entorno histórico con datos muy precisos de nombres propios, fechas, derrotas e invasiones. Pero al final, tales suplementos se sitúan en segundo plano, porque el diario no ha sobrevivido décadas y traspasado fronteras e idiomas precisamente por ello; sino porque en el legado de Ana existe un mensaje de vida y amor para toda la humanidad.

Sin duda, El diario de Ana Frank y sus representaciones –de teatro y cine– pertenecen a un recuerdo muy triste, pero al mismo tiempo esto nos enseña que en los momentos más difíciles es cuando puede emerger lo mejor de las personas y así como Ana, aún tengo esperanza…

lunes 26 de octubre de 2009

¡Yo no defiendo al cavernícola!

Tuvieron que transcurrir 8 años y dos mil seiscientas representaciones para que al fin, después de innumerables recomendaciones, cediera a la petición del Mau de ir a ver Defendiendo al cavernícola. Y… es que, a sabiendas de que el objetivo primordial de este monólogo es justificar al sexo masculino de todos sus defectos e indagar hasta en el área más recóndita del planeta –o quizá del universo– para encontrar el mínimo desperfecto en nosotras, las mujeres, y extenderlo al tamaño de un dinosaurio a fin de tratar de equilibrar la situación, no creo que sea la mejor opción del teatro a elegir ¿o sí?

Es cierto que la guerra de los sexos es un cuento de nunca acabar. Por un lado, la mayoría de los hombres defienden a capa y espada su territorio, el fútbol, la tele cuando hay partido –de fútbol, obviamente–, sus amigos, las chelas, los videojuegos, los deportes, el desorden, etc. Por el otro, las mujeres demandamos amor, comprensión, tiempo, lealtad, conversación, comunicación y entrega, pero también… hacemos cada pancho que, a veces, ni siquiera nosotras mismas somos capaces de entendernos (¡Ups!, creo que ya me proyecté bien cañón). Por tales razones esta obra ha alcanzado a ser una de las más exitosas y divertidas en nuestro país, pues logra encapsular algunos episodios cotidianos de convivencia entre hombres y mujeres, ya sea dentro del matrimonio o en cualquier relación, para exponer tanto las necesidades de ellos como las de nosotras en un monólogo, cuya misión es tratar de entender las razones de cada una de las partes. Aquí nos revelan, por ejemplo, la razón por la cual los hombres sólo pueden realizar una cosa cuando las mujeres podemos hacer cuatro al mismo tiempo, o por qué los hombres son tan lentos para alcanzar sus objetivos.

Pero también, basta con tener a César Bono y su voz “aguardientosa” en escena para descubrir, a través de tremendas risas y carcajadas, el por qué un hombre en pleno siglo XXI, tiene que tomar como referencia a un cavernícola para justificar su comportamiento: Hasta la fecha no ha evolucionado y por ello se ve obligado en hacer un viaje a la prehistoria para tratar de reflexionar sobre sus actos. Para empezar ¿los hombres tendrán esa capacidad?.... César Bono, quien según los críticos en esta obra nos da muestra de su máximo talento histriónico, nos muestra que sí, pero… al fin y al cabo, tardan siglos en hacerlo.

La verdad esta obra es excepcional. Quien la haya visto, estará de acuerdo conmigo en que nunca paras de reírte y cada situación te resulta tan familiar, que hasta pareciera como si estuvieras presenciando el espejo de tu vida. Aunque no defiendo al cavernícola, sino más bien a la evolución del mismísimo Darwin, recomiendo ampliamente este monólogo que al fin y al cabo nos deja un muy buen mensaje de reflexión.
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Defendiendo al cavernícola se presenta en el Centro Cultural San Ángel de jueves a domingo. Para mayor información, da click aquí.

viernes 23 de octubre de 2009

Los bastardos que lo consagraron a la gloria


Mis más merecidos elogios para Tarantino, quien con Bastardos sin gloria, nos ha hecho entrega del mejor de sus trabajos, ¡Claro!, sin dejar de hacer mérito a los anteriores como Pulp Fiction, Kill Bill y Perros de reserva.

La experiencia que tuve al ver su nueva propuesta cinematográfica fue formidable. En esta ocasión, dentro del contexto histórico de la Segunda Guerra Mundial y muy al estilo del realizador, Bastardos sin gloria nos relata la historia de un grupo de soldados “estadounidenses” (el origen de ellos es muy diverso) dispuestos a exterminar al ejército nazi en venganza de todos los judíos que habían muerto en los campos de concentración; pero también, hace referencia a dos atentados simultáneos, sin conexión alguna, en contra del Füther y sus más allegados, durante el estreno de una película de Goebbels en un cine parisino.

Lejos de ser un clásico filme bélico en el que los espectadores tendemos a sufrir por la cruda realidad expuesta, Quetin –experto en el sarcasmo y la ironía– nos regala momentos de risa a través del excelente manejo de sus personajes, la sobredosis de violencia, la minuciosa elección de la banda sonora y la fluidez de los diálogos que permiten seguir detenidamente, sin siquiera pestañear, aún las escenas más largas y pausadas.

Sin importar la locura que se haya desatado en el director para transformar un hecho histórico en un relato de ciencia ficción, nos da la oportunidad de ver materializado aquel deseo en cuanto a la forma en que a todos nos hubiera gustado el fin de Hitler y la guerra.

El reparto es formidable y aunque el más taquillero y conocido es Brad Pitt, quien se lleva la mejor actuación es Cristopher Walzer que interpreta al coronel Hans Landa, el “cazador de judíos”, pues en todos los aspectos le compramos su desempeño de psicópata y, en las dos horas y media que dura el filme, su presencia nos hace temblar de miedo.

Tarantino no tardó mucho en darse cuenta que sus bastardos lo llevaron a la gloria, por lo cual ya se está planeando su siguiente entrega.

miércoles 21 de octubre de 2009

Fui a Tequis a volar en globo y...

NO VOLÉ :’( Con los pies en el suelo, mientras comía un riquísimo pastel de zanahoria, contemplaba cómo se inflaba poco a poco el globo en el que supuestamente ascendería al cielo, acción que inútilmente trataba de minorizar la frustración de 40 personas, quienes al igual que yo temblaban de frío y sabían que de nada había servido levantarse a las 6 de la mañana en domingo, pues el despegue de nuestros globitos aerostáticos se daba por cancelando a consecuencia de las inclemencias del clima.
Menos mal que únicamente había transcurrido un día desde que había comenzado a asimilar la idea y no me costó tanto desprenderme de ella, porque ni siquiera había gastado un sólo peso para estar en un paseo turístico pesimamente organizado por su guía. El itinerario del viaje sirvió para pura madre y a pesar de que todo el tiempo el frío estuvo calándome los huesos, pasé momentos agradables invernando como oso y disfrutando del fuego de una chimenea muy peculiar en un hotel-rancho al lado de muy grata compañía.

La naturaleza enmohecida y el olor a tierra me relajaron muchísimo al grado de querer permanecer un par de días más ahí, lejos de la monstruosa ciudad. Dentro de lo bueno de la excursión fue que, durante nuestra visita a las cavas Freixenet, tuve la oportunidad de degustar exquisitos vinos espumosos (¡Yammiiii!) y comprar el brindis pa la Navidad. También tuvimos un episodio tipo "Viaje inesperado" en el momento que a nuestra guía inexperta se le ocurrió la “grandiosa” idea de visitar un oasis, cuyo trayecto era sumamente riesgoso y únicamente apto para vehículos todo terreno. Para empezar, nuestro autobús escolar -el cual definitivamente no pertenecía a esa clase- tenía que atravesar la cierra gorda de Querétaro y las curvas de la carretera eran tan prolongadas que mejor opté por cerrar los ojos para evitar las nauseas; luego, el pavimento se convirtió en terracería y después de esperar a que la batería del autobús se enfriara –pues para ese entonces ya había resistido 7 horas– reanudamos el camino directo a las barrancas, el cual estaba tan estrecho que, en ciertas ocasiones, juraba que nuestro camioncito caería al precipico. Finalmente, cuando de plano todos estuvimos de acuerdo en que si continuábamos con tal burrada, terminaríamos volcados en el fondo de la barranca sin poder pedir ayuda, todos nos bajamos del vehículo y tras una larga operación de veintemil maniobras, el perspicaz chofer pudo girar el camión de regreso ¡Uff, por un pelito de rana nos salvamos del suicidio colectivo!

En fin, ya habrá otra ocasión en la que Tequis amanezca con un cielo despejado, pueda volar y tan luego como descienda del globo, vaya a comprarme una taza y no tenga que agregar un horrible “NO” Jejejeje.

martes 20 de octubre de 2009

31 minutos, la película

Después de una larguísima espera –poco más de un año– el noticiario más divertido de la televisión, 31 minutos, por fin llegó a las pantallas cinematográficas de nuestro país en una muy merecida premier que se llevó a cabo en Perisur el pasado 17 de octubre. En punto de las 8 de la noche, cuando la sala principal del complejo se encontraba casi llena, los asistentes tuvimos el honor de contar con la presencia de sus creadores, Pedro Peirano y Álvaro Díaz, quienes junto con el cautivador Juan Carlos Bodoque nos dieron una pequeña introducción de su ópera prima en el séptimo arte.

El argumento de esta nueva aventura comienza cuando la malvada Cachirula le encomienda a Tío Pelado la misión de capturar a Juanín Juan Harry y llevarlo a su isla para completar su exclusiva colección de animales exóticos, mientras tanto Juanín, sin sospechar el peligro que le acecha, trabaja arduamente en los preparativos del cumpleaños de su gran amigo, Tulio Triviño. No obstante, la mano negra termina estropeando dichos planes, Juanín es despedido injustamente y alejado de sus amigos. Tras una serie de engaños, Juanín es llevado a la isla de Cachirula, pero cuando los integrantes se dan cuenta que todo ha sido obra de un malentendido, dejan a un lado los estudios de grabación y comienzan un viaje para recuperar a aquel miembro cuya amistad, hasta ese momento, no había sido del todo valorada.

Como cualquier otro episodio de 31 minutos, la película presenta un guión muy bien escrito, basado en el humor, la ironía, el doble sentido y alguna que otra crítica social, características que llevaron a este programa a la cúspide del éxito. De hecho, una de las grandes sorpresas que tenemos en el filme es cuando nos revelan, por primera vez, cómo se conocieron Juanín, Juan Carlos Bodoque y Tulio Triviño.

Sin embargo, para quienes hemos seguido de cerca la serie y ante la gran expectativa que causó su lanzamiento al cine, tras conocer la fatídica noticia de que ésta sería la última aparición de nuestros más queridos personajes, nos dimos cuenta que a sus creadores les quedó muy grande la pantalla y les sobró bastante tiempo. A simple vista, fuimos testigos de los graves problemas de edición pues muchas tomas estaban poco cuidadas y contaminadas de sonidos ambientales, lo cual aturdía demasiado; e incluso en algunos momentos, la película perdió su ritmo en escenas extremadamente largas. Sinceramente, después de la censura que la serie sufrió con tal de ser transmitida en canales de televisión, como Once TV México, Nickelodeon, Señal Colombia o Veo, yo esperaba una crítica social más fuerte y mucho más enriquecida con temas actuales, pero esto nunca llegó, como tampoco la aparición de nuestro queridísimo superhéroe experto en los derechos de los niños :’(. Peor aún resultó escuchar un solo tema musical, el cual quedó perdido en una pegajosa melodía que no tenía absolutamente algo que ver con las letras tan inteligentes y chistosas presentadas en el noticiario.

A pesar de los inconvenientes anteriormente mencionados, me pareció una buena película cuya lección se basa en aprender a valorar la amistad y es sumamente meritorio reconocer el gran talento de sus autores para dar vida a majestuosos e increíbles personajes a través de modestos recursos como calcetines, borlas, felpa, botones, etc. La verdad esto deja enseñanzas importantes y sería una completa pérdida nunca volver a tener de vuelta a 31 minutos en la tele -sólo en la tele jeje- pues sin importar que ya han transcurrido 4 años desde que la serie dejó de producirse, aún continúa vigente y siendo uno de los programas favoritos de muchos.

Por último, cabe señalar que aunque la película ya se haya distribuido ampliamente en copias pirata desde hace tiempo, se estrenará para el publico el próximo viernes 23 de octubre en 36 salas de la ciudad de México.

viernes 16 de octubre de 2009

¡Qué pinche feo es el trasero del matiz!


Por azares del destino o fenómeno sobrenatural, a lo largo de mi kilométrico recorrido, hoy me tocó ir detrás de 4 Matiz's. No sólo me di cuenta del trasero tan pinche feo que tienen, sino también me dio paranoia al imaginar que se trataba de extraterrestres, los cuales, a parte de molestarme con su presencia, me acosaban cuando me cambiaba de carril para ya no verlos y ahí iban los malditos... a hacer lo mismo.

Estoy 100% segura de que los diseñadores de este coche de "a dos pesos", en lo último que pensaron fue en su señor trasero: aplastado y con faros en forma de círculito, que más bien parecen ojos de algún monstruo de pesadilla chafa. De hecho, el primito completo del Atos -es que ¿a poco no parecen casi hermanos?- está horroroso y no sé por qué lo compran, si apenas y se sienta un gordito en el cofre y la lámina de cartón ya se abolló.

viernes 11 de septiembre de 2009

Maestría ¡¡¡Nooouuuuuuhhhh!!!

Últimamente, la palabra Maestría ha chocado por todas las neuronas de mi estresada cabecita por aquello de las personas que giran a mi alrededor: “que la maestría en Historia para dar clases, que si la beca de la maestría en España, que necesito otra beca para solventar mi maestría en Suiza, que voy a la mitad de mi tesis de maestría y el tema es una verdadera “jalada” de psicoanálisis y bla bla bla…”.

El ascenso a otro título universitario me vendría bien, pero no porque tenga suficiente espacio para colgar otro en la sala de mi no-casa –¡Al contrario!, el de licenciada sigue aún sin enmarcar– o con éste, aspire a un mejor puesto laboral –tal vez sí o tal vez no, todo depende de las relaciones públicas con los jefes porque, en mi corta etapa como profesionista, me de dado cuenta que los papelitos sólo sirven para hacer barquitos de papel– pero, la verdad es que me gustaría volver a la vida de estudiante, en donde valía madres vestir con jeans deslavados y rotos. Cuando lo imagino, me veo con una sonrisa de oreja a oreja caminando al salón de clases con algunos libros bajo el brazo, con una beca en el extranjero y teniendo todo el tiempo para investigar, mientras deleito a mis ojos con uno de esos parques donde habitan árboles frondosos y flores de concurso.

Pero, de pronto alguien llega y, con una aguja de tejido (o sea de esas grandotas), pincha mi nubecita de colores y me hace descender a la peor de las pesadillas. Para empezar tengo que elegir un tema, desarrollar el proyecto, encontrar un valiente asesor que dirija mi tesis y después de la tortura, presentar mi boceto a un comité para que lo apruebe; luego hacer un examen y ya que lo pase y me acepten, solicitar la beca para irme a una universidad donde existan esos árboles, cuya sombra sea capaz de resguardarme del calor en un día muy soleado.

Lo peor es que de nuevo me vería en calidad de ratón de biblioteca leyendo engorrosos y fastidiosísimos textos de teorías para sustentar mis hipótesis, haciendo chorrocientos mil borradores hasta que mi asesor quede satisfecho con la redacción, dejaría de leer novelas de ciencia ficción para leer ensayos “pachequísimos” de teorías, no tendría tiempo libre para las chelas ni para ir al cine, porque ese tiempo lo ocuparía para dormir (Zzzzzzz) y si quiero la beca de mis sueños, tendría que renunciar a mi trabajo con el riesgo de quedarme como el perro de las dos tortas, sin una sola.

¡Diablos!, el simple hecho de pensar en todo esto ya me provocó dolor de cabeza y gastritis nerviosa. Pero… ¿¿qué hacer??, es la pregunta de los 400, 864 millones que se quedará sin responder hasta la siguiente convocatoria, que NPI tengo de cuándo vuelva a ser. Es más, para empezar, ni siquiera tengo tema :S y la neta, en este momento de mi vida, prefiero continuar leyendo la saga de Crepúsculo y el último libro de Harry Potter (jajaja, los dos al mismo tiempo), antes que ponerme a hojear la versión remarterizada de La guía práctica de métodos de
técnicas de investigación social y comunicación ¡Bluac! ¡Qué güeva!

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Ya para rematar, a propósito del 11 de septiembre, solicito a mi público lector un minuto de silencio en memoria de quienes, en 1973, perecieron en las calles de Chile, tras el golpe de estado de Pinochet en contra del gobierno de Salvador Allende; también por todas las víctimas de la serie de atentados que sufrió Estados Unidos en el 2001 y por último, en homenaje a Alfredito, mi primo, quien si todavía estuviera vivo, ayer hubiese celebrado su cumpleaños #20.

martes 8 de septiembre de 2009

El que en sexo piensa

¿¿¿Sexo quiere????

lunes 7 de septiembre de 2009

¿Qué es mejor?

Enmendar o empezar desde cero :?