miércoles 7 de diciembre de 2011

De zambombas

A diferencia de las posadas, hace un año durante la víspera de Nochebuena, tuve la oportunidad de hacer el recorrido peregrino de las zambombas por las calles de Jerez, desde las más tradicionales en los barrios gaditanos hasta aquellas alternativas de los bares, en las cuales el espíritu sevillano de las palmas, la danza y aquellas voces -emanadas con profundo sentimiento- lograban que mi piel se pusiera "chinita" y de una forma extraña, pero cálida, evocaban en mí el sentimiento navideño, aunque me encontrara muy lejos de casa.

En estas andanzas, desde el barrio de Santiago hasta Dama Juana, descubrí que las zambombas son las típicas celebraciones navideñas -muy familiares ¡Por cierto!- en donde la gente se reúne alrededor de una fogata para cantar y disfrutar de los clásicos villancicos, cánticos que precisamente son protagonizados por la zambomba, un instrumento de percusión -muy parecido al de un tambor- que consiste en un cilindro hueco, cuyo parche (o tapa) es atravesado en el centro por una varilla de madera que, a través de su agitación, produce un sonido grave, bastante peculiar.

En realidad no importa si El burrito sabanero, La Marimorena, Los Pastores a Belén o El Niño del Tambor se repiten por tercera o cuarta ocasión, el repertorio musical nunca cesa, sino hasta altas horas de la madrugada o hasta que el frío lo permite. Mientras tanto, los leños crugen en el fuego y se producen cenizas que revolotean por doquier; los niños se divierten, cantan y bailan, similando todos unos profesionistas del flamenco debido a la delicadeza con la que desplazan sus pequeños cuerpos, lo cual hace comprobar que ese arte lo llevan en la sangre; las palmas emiten aplausos al compás de las panderetas; el cantante anfitrión se mueve de un lado a otro, consiguiendo que las personas se unan al coro; las pesadas cortinas de humo se elevan y se desvanecen en un cielo estrellado profundo, mientras el olor a tabaco se impregna en los abrigos; y las copas de fino junto con los tarros de cerveza quedan vacíos y de inmediato se rellenan, con tal que la celebración sea cada vez más alegre y se sienta calor, no obstante de la gélida temperatura del ambiente, hecho que me remite a la canción de "Los peces en el río": Los jerezanos beben y beben y vuelven a beber.

En definitiva, las zambombas no serían lo mismo sin los gitanos, cuya deshibidida personalidad los convierte en "la cereza del pastel" y a través de ellos se puede ser testigo de un espectáculo auténtico de esa Andalucía, tan alegre, folclórica e inigualable.


lunes 28 de noviembre de 2011

¿Qué es un mondaito?

Durante nuestras primeras expediciones turísticas por Jerez, Francis y yo optamos por comer en un restaurante de la Calle Porvera al aire libre ¡Vaya ocurrencia! Con ese viento atroz que se infiltraba por las chaquetas y calaba hasta los huesos. Pero ahí estábamos las dos, muy entusiasmadas por introducirnos al arte culinario típico de España.

Lo primero que solicitamos al camarero fue un tinto de verano y una copa de vino, a consecuencia de que el precio era el mismo que cualquier refresco o botella de agua (justo en ese momento no lo podía creer, pero con el tiempo me acostumbré a la idea de optar siempre por bebidas con alcohol jijiji). Luego, pedimos un par de tapas: una de patatas bravas -que de bravas sólo tenían el nombre, porque no picaban para nada- y una de lomo con pimiento. Lo curioso fue que, al revisar la carta del menú, encontramos el apartado de los montaditos y como en ese momento, ambas desconocíamos qué demonios eran, Francis le preguntó al camarero.

-¿Qué es un montadito?

Él se nos quedó viendo con mirada perpleja, dando a entender su completa incredulidad de que dos extranjeras no supieran qué era un montadito y un poco disgustado por nuestra ignorancia, comenzó a responder con su acento andaluz:

Camarero: Un montaito e un montaito, un pan...
Francis: ¿Es sólo el pan o lleva algo dentro?
Camarero: ¡ombre aro que lleva algo!
Francis: ¿Cómo qué?
Camarero: Pue jamón, queso, tocino, chorizo ¡Vaya lo que sea!
Francis: ¿Y de qué tamaño es?
Camarero: E pequeño
Francis: ¿Qué tan pequeño?
Camarero: Pue pequeño -acto seguido, él intentó con sus manos mostrarnos el tamaño del montadito que parecía muy similar al de una hamburguesa.

Total que su explicación nos dejó más dudas que respuestas, por lo cual nuestra curiosidad nos incitó a pedir los famosos montaditos y conocerlos por cuenta propia. De esta manera, descubrimos que un montadito es un bocadillo o emparedado extremadamente pequeño, es decir un pan partido a la mitad, en cuyo interior puede llevar cualquier ingrediente o guisado que desees -ya sea dulce o salado- aunque los más típicos son los de carnes frías y quesos maduros acompañados de algún aderezo untado.

Cabe mencionar que aquella introducción hacia el primer montadito que probamos fue "x", sin pena ni gloria. Pero ya después, nos volvimos expertas en el tema, pues no podíamos faltar a nuestra cita de todos los miércoles en los 100 Montaditos con nuestros amigos guiris y los euro-tarros de cerveza.

viernes 18 de noviembre de 2011

Emputadísima

No sólo estoy emputadísima, sino lo que le sigue y también sumamente triste. Hasta ahora no encuentro una explicación lógica de la existencia de bestias infrahumanas, quienes se dedican a envenenar animales sin tentarse el corazón ni el alma. Simplemente se trata de engendros endemoniados sin escrúpulos ni consciencia alguna de lo que hacen y su raciocinio (si es que acaso existe) se reduce a la nada con tales acciones que no tienen perdón.



En esta ocasión, le tocó a Wambita ser la víctima mortal de un crimen tan atroz, que para infortunio de los amantes de los animales y la justicia, no existe una pena que lo castigue.



Wamba nunca hizo daño a nadie ¡Al contrario! era una perrita muy inteligente y singular, quien después de haber sido recogida de la calle y adoptada por dos niñas magníficas, supo entregar su amor a patas llenas. De cachorra era muy traviesa, como cualquier otro ser de su misma especie: jalaba la ropa del tendedero, mordisqueaba su plato hasta hacerlo añicos junto con uno que otro zapato, se revolcaba en la tierra después de haber sido aseada y muy pronto encontró el amor y la pasión por las caminatas largas, pues la mayor parte del tiempo la pasaba investigando por ella misma lo que en el mundo le aguardaba.



En el barrio, los vecinos la apreciaban mucho. Solían saludarla y ofrecerle uno que otro premio, lo cual se convertía para ella era un verdadero manjar. Y... en agradecimiento a Tamara y Casandra -de haberla acogido cuando de bebé se encontraba desolada- supo cuidar en todo momento de ellas, al grado de que las acompañaba camino al escuela, no permitía que alguien extraño se les acercara y mientras jugaban en el patio, se ocupaba celosamente de protegerlas.



Hace un par de años, durante la víspera de Navidad, Wamba no conforme de quedarse sola en casa, caminó más de 10 kilómetros para reunirse con toda la familia y cuando le apetecía irnos a visitar, lo hacía sin importar el largo camino que tenía que recorrer con sus cuatro patas.




Hoy, toda la familia se encuentra desconsolada e indignada, porque la echaremos mucho de menos, sobre todo porque cómo carajo le explicas a dos niñas que su mascota fue asesinada por seres irrepudiables. Ojalá que, después de la tortura a la que fue sometida -en la que sus intestinos explotaron a consecuencia del envenamiento- Wamba descanse en paz y sus asesinos reciban el merecido castigo de pena capital :'(.





jueves 17 de noviembre de 2011

Poesía


Ayer en Coyoacán, mientras esperaba la llegada de la noche y un reencuentro extraño con mi pasado -de esos de actividad mística-paranormal-, me encontré con un tipito quien me preguntó si me gustaba la poesía. En ese momento tartamudeé, no supe qué contestarle. Pensé unos segundos en decirle que sí, pero lo primero que me vino a la mente fue "este wey va a quererme leer un poema en medio de la calle".

El chico, al percatarse de que no sabía qué carajo responderle, me explicó todo apenado que él escribía poesía y que le gustaría compartir uno de sus poemas conmigo con lo que quisiera cooperar. Saqué de mi bolso unas cuantas monedas y a cambio, recibí una hoja mecanografiada con las siguientes líneas que transcribo a continuación:

Desnudé los secretos de la noche
me asomé al fondo del recuerdo
sospeché tu encuentro en mi cuento

Me emborraché como buen bebedor del cielo
como un buen sabio sin conocimiento
rondando el viejo aldedrío

Sudando los pretextos del tiempo
sudando los sueños del invierno
perderme de tanto contenerme

Vagando o viajando viviendo
en un instante el desembarco
en mi día azul del Mediterráneo

Presente o ausente, reflejos
autómatas del amor del bar de enfrente
carreteras pintadas en tus labios

Ventanas utópicas del lado opuesto
de las noches que me diste
y dijiste, o acaso, dirigiste mi pasado

Espuma del río en tus manos
descansando sobre la piedra pulida
de tus besos esclavos de sus clavos

Perdí el paraíso el día que
abrí los ojos, dejé de soñar
y de pensar que la vida era la última oportunidad

Para irte a buscar y cambiar
la dirección del tiempo en la brújula
de la realidad marchando hacia el mar

Para recuperar la magia que te hizo confiar
en la furia humana de mis planes
de viaje y de gloria en tierra de tus ideales

Sabes que los rituales sin sus tardes
son tierras indomables de nadie
y que los soles son estrategia perfecta para cuidarte

Y que los abanicos del arcoíris
son los testigos de tus corrientes
de la verdad que los mantiene inquieta.



Lindos versos que emanaron algunas chispas de magia de una noche mística, memorable, de paz, tranquilidad y liberación de almas.

En verdad, me hubiese gustado citar al autor, pero para mí es un perfecto desconocido.

martes 1 de noviembre de 2011

La Mecánica del Corazón

En esta ocasión me topé en la librería con una historia a la Tim Burton -así de mundos imaginarios, góticos y oscuros- que da comienzo durante una de las noches más frías en Edimburgo y cuyo protagonista, el pequeño Jack, nace con el corazón dañado por lo que es necesario reemplazarlo con un reloj cucú de madera, un corazón artificial del cual dependerá su vida.

Así bien, tal y como la contraportada del ejemplar lo indicaba, acompañé a Jack en su aventura quijotesca, desde las gélidas callejuelas escocesas hasta las más radiantes ciudades andaluzas, en busca del amor (o sea que algo muy similar a lo me pasó, aunque al revés).


Pero ¡Cuidado! Jack debía seguir tres reglas básicas para poder sobrevivir:

1. No toques las agujas de tu corazón
2. Domina tu cólera
3. Y la más importante: no te enamores jamás de los jamases.

De lo contrario, "la aguja del reloj de tu corazón traspasará tu piel, tus huesos se fracturarán y la mecánica de tu corazón se estropeará de nuevo".


Diablos! De haberlo leído antes, hubiera seguido los consejos tan sabios de Mathias Malzieu que justo los escribe en la primera página de su novela-cuento. Pero como Jack, sin importar las consecuencias, rompí todas las reglas que tenía predispuestas para el largo viaje.
Y qué le pasó a mi corazón? Lo mismo que al de Jack: su mecánica en un principio se estropeó, pero resultó mucho más fuerte de lo que algunos esperaban, la reparación de aquella avería -supuestamente irreparale- fue un tanto dolorosa, pero gracias a esa gran aventura, el pajarito del cucú voló hacia mundos soprendentes nunca imaginados.


viernes 7 de octubre de 2011

Por el miedo...




a perder
al fracaso
a equivocarse
a que nos digan que no
a que nos rompan el corazón
a dejar de engañarnos a nosotros mismos
a volver a ver a esa persona que significó tanto
a no querer saber cuál es la respuesta o el resultado
a que sangren las heridas de nuestras incansables batallas
a mostrar nuestros sentimientos con la misma nitidez que el agua
a perdernos en el camino de alcanzar la meta de nuestros más anhelados sueños


Simplemente dejamos de…


saber que no siempre las batallas se pierden y los milagros existen
reconocer lo que verdaderamente vale la pena
arrojarnos hacia las más increíbles aventuras
sentir, explorar, descubrir y vivir las victorias
avistar la luz del pozo más profundo
desear dar el todo por el todo
luchar por lo que queremos
seguir intentando
tener fe
perdonar
acertar
soñar
aMaR




Pero como guerreros debemos saber que todas las batallas de la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquellas que perdemos. Como bien lo dice Paulo Coelho, “cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan”.


Así que a AGARAR EL TORO POR LOS CUERNOS, sin perder de vista lo que en verdad anhelamos y recordar siempre que el secreto no radica en el miedo, sino en nunca desistir a pesar de la tormenta y el dolor, pues todo sacrificio SIEMPRE tiene su recompensa.


martes 27 de septiembre de 2011

Mis mejores descubrimientos en Andalucía





Si hace 558 años, Cristóbal Colón viajó en barco para percatarse de que al otro lado del océano había un mundo nuevo por descubrir, hace menos de un año, yo tuve que montarme en un avión para hacer mis propios hallazgos del viejo mundo hacia la región donde precisamente salieron La Niña, La Pinta y La Santa María.

El largoooooo viaje estuvo repleto de magníficas e increíbles aventuras y estoy segura que muchas de ellas permanecerán indelebles en los lienzos de mi memoria, como también para quienes formaron parte de la extraordinaria tripulación. Pero, por si acaso, los estragos de la vida nocturna o el Alzheimer llegan a provocar un corto circuito en mi dañado cerebro, justo ha llegado el momento de develar aquellas anécdotas, comenzando con la lista de mis grandes descubrimientos en Andalucía, la tierra de Picasso (como diría un profe muy estimado):









• El mejor grupo de “guiris” y de relaciones internacionales (Puedo jurar que la ONU, ante nuestro comité de misiones especiales, se quedaba muy corta y chiquitita); así como el mejor zoológico-circo internacional con los animales más extravagantes del planeta jijiji.
• La mejor familia internacional que pude haber tenido, porque más que amigos se convirtieron en herman@s y estoy 100% segura que formamos una grandiosa familia.
• El compañerismo y amistad de México, porque en cualquier parte del mundo que encuentres a algún paisano, siempre te recibirá con una sonrisa (como si te conociera de toda la vida), estará dispuesto a invitarte una chela y a ayudarte en lo que pueda, diciendo que “su casa, es tu casa”.
• El horario andaluz, donde los segundos se convierten en minutos, los minutos en horas y las horas en prolongaciones indefinidas del tiempo. Es decir… no hace falta un reloj, si todo se hace con calma y lo normal es llegar tarde a todos lados.
• El bar “El Jardín”…del Edén en pelotas de pin-pon (del cual tiene que haber un post especial).
• Mercadona y Carrefour junto con sus marcas blancas que sin ellas, el presupuesto de beca-estudiambre se hubiera terminado mucho antes de lo previsto.
• La Sala Compañía y sus pelis de “arte”, que de mi arte a tu arte… digamos que prefiero el mío.
• Los miércoles de 100 Montaditos y los euro-tarros.
• Los jueves de intercambio, donde en realidad muy pocas veces fui a aprender y practicar mi english, pero… ¡Qué guay me la pasé con tan grata compañía!
• El Máster de la Paciencia. Para ese sí, creo merecer el título de doctorado.
•El encuentro con un nuevo castellano que al principio, me costó un hue… llegar a entender y podía jurar que se trataba de otro idioma muy ajeno al mío.
•Los entornos naturales, las expediciones salvajes, muchos momentos de diversión y aventuras, gracias al amigo gallego quien fue nuestro guía por Andalucía :S
• El descubrimiento –en medio de los campos de trigo– de una aguilucha ceniza a un metro de distancia de donde yo me encontraba, junto con su respectivo nido y tres huevitos. Eso resultó tanto espectacular como escalofriante, que ni siquiera me dio tiempo de gritar :S
• Las playas nudistas y sus pintorescos paisajes (Aquí no podía faltar el “buen taco de ojo”).
• Cruz Campo, Alhambra, San Miguel, Mahou, Tío Pepe y Sherry, quienes se convirtieron en los mejores compañer@s y amig@s de las noches y madrugadas por Jerez.
• Los Delinquentes y su “Primavera Trompetera”.
• Las celebraciones de domingo a domingo.
• La mejor forma de compartir los alimentos al centro de la mesa y comer de ToDo con picos y aceite de oliva (hasta en el desayuno).
• El jamón serrano, los quesitos, los vinitos, las aceitunas de mil sabores, la cola de toro, los caracoles, las marsicadas, patatas aliñadas, paella y 20,000 platillos que me hicieron engordar y sudar la gota gorda en el gym.
• Los deliciosísisisisisisisisimos helados de la calle Larga. Mmmmm… ¡¡¡Qué rico!!!

La lista podría continuar, pero… como he dicho, se trata de lo mejor de lo mejor.

lunes 19 de septiembre de 2011

El blog vuelve!!!

Una de mis grandes pasiones, desde que tengo uso de razón, ha sido escribir y si dejé de hacerlo en este blog -completamente abandonado por más de un año- no fue porque no tuviera qué contar ¡Al contrario! Siempre surge algo por lo que vale la pena existir y VIVIR.


Podría excusarme con 20,000 razones y pretextos. Pero, simplemente se debió a que comencé a escribir en otro blog y redes sociales para mi antiguo trabajo (el oncerezo), lo cual me quitaba neuronas y maravillosas ideas. Después, como muchos saben, emprendí un largoooooo viaje, al otro lado del charco, y apenas voy regresando.

Pero, una vez que he terminado con otra tesis (bueno... casi porque le faltan algunos detalles de hojalatería y pintura), cuya fecha para el segundo juicio final se acerca :S, he decidido quitar las telarañas, el polvo y las cucarachas de este espacio, darle una "barridita", una "mopeadita" y volver a mi mero mole. Resurge la inspiración para escribir sobre las tarugadas que me pasan y que después, siempre me hacen reír.

Así que las aventuras resurgen del inframundo....

miércoles 3 de marzo de 2010

Una linda postal


Aquí les dejo una extraordinaria obra de arte del Iztlaccíhuatl y el Popocatépetl, hecha por la misma naturaleza, aunado a que es casi un milagro que nuestro cielo se vea así de azulito por la pinche contaminación que siempre nos azota.


miércoles 24 de febrero de 2010

MuAC: mucho edificio para tan poca cosa


Decidí darle una segunda oportunidad al MuAC y de nueva cuenta, salí con tremenda decepción. La primera vez había tanta gente que me fue imposible recorrerlo, porque parecía como si estuviera en el tianguis. En esta ocasión, sólo una de las nueve salas del museo estaba abierta al público y la exposición no era espantosa, sino… ¡lo que le sigue!

A la entrada había unas básculas apiladas que se intercalaban por colores: verde-amarillo-verde-amarillo y así sucesivamente. En esta especie de alfombra-piso, lo único emocionante fue que me pude subir y en uno de esos aparatos –a los que muchos les tienen pavor– pesé por primera vez en mi vida como 110 kilos. Luego, en las paredes de la sala se proyectaban unos videos de afros bailando en lo que podía ser un festín de somewhere far away, pero los ojos desorbitados de estos hombres y mujeres los hacían ver como drogadictos viciosos. Uno de ellos en particular, me causó terribles escalofríos: era algo así como un travesti chimuelo, cuyos gruesísimos labios estaban pintados de rojo “puta” y balbuceaba quien sabe qué madres. Nunca supe qué decía y cuál el mensaje de sus “expresiones”, pues no había explicación alguna.


Esta muestra también contemplaba un tendedero con sábanas ¡O sea!, si eso puede llamarse “arte”, entonces también hubieran colgado unos brassieres o chones para darle más color a este montaje tan desabrido.


Para rematar ¿qué es eso de amontonar unos pianos inservibles y después llamarle “arte reciclado”? Estoy segura de que si resucitaran los verdaderos artistas del Renacimiento y sus ojos fueran testigos de tales aberraciones, se volverían a morir del susto. Lo único divertido y “experimental” fue que todo mundo llegaba y caía en la tentación de tocar las teclas.


Eso sí, la estructura del inmueble es preciosa. Cabe destacar que el arquitecto mexicano, Teodoro González de León, sí se rifó es la construcción de este espacio que integra a la naturaleza y la tecnología de punta, al grado de manejar espacios de mucha luz sin necesidad de energía eléctrica ¡Wow! la neta mis respetos para el Doc Honoris Causa.

A falta de exposiciones, no me quedó más que echarle un ojito al restaurante, Nube Siete, el cual resultó muy nice, acogedor y vanguardista, pero… definitivamente, no apto para los bolsillos de la comunidad universitaria común y corriente. A ver, ¿quién de los estudiantes mortales pagaría 80 pesos por una ensalada de lechuga orgánica (con eso de que esta palabra está de moda, en todos los menús “popis” la encuentras, aunque la lechuga que te sirvan se haya desarrollado a base de anabólicos)?

En fin, debo reconocer que el “arte moderno” no está destinado para mí. Si acaso me quedo con Andy Warhol para atrás. A más de año y medio de su inauguración, sigo sosteniendo que el MuAC me parece mucho edificio para tan poca cosa. Bien dicen que la tercera es la vencida y habrá que esperar a que terminen de montar el resto de las salas, pero mientras de su arte, prefiero mi arte. Jeje.